Perspectiva de Género en la
Facilitación de Procesos Grupales:
una mirada a los Cuatro Espacios Sagrados y al
Trabajo de Cuidados en contextos organizacionales
Trabajo final del nivel medio de la formación en
Facilitación de Procesos Grupales 1 2
Instituto Internacional de Facilitación y Cambio hacia el Elderazgo
(IIFAC-E)
r rj
Autor: Sergio Alvarez-de-Neira Pueyo
Promoción de nivel medio: Málaga- Sevilla 2014-2015
Coordinador de curso: César Fernández Pérez
Málaga-A Coruña, invierno de 2016-2017
1 Versión revisada y ligeramente ampliada del trabajo entregado en diciembre de 2016.
2 Contacto y más información: sergio.anp75@gmail.com - https://sites.google.com/site/diariofaciliteitor
índice
Introducción, justificación y antecedentes 4
Breve introducción del contexto 4
Justificación de la temática elegida 5
Algunos antecedentes 6
Introducción personal: quién realiza este trabajo y desde dónde se plantea 12
Una primera aproximación a la aplicación de la Perspectiva de Género en la Facilitación de
Procesos Grupales, a través del marco teórico de los Cuatro Espacios Sagrados 21
Trabajos de cuidados en contextos organizacionales: enfoque general y aplicaciones prácticas
desde la Facilitación de Procesos Grupales 28
Género, Feminismo(s) y Ecofeminismo(s) 28
¿Qué entendemos por cuidados? Concepto y crisis de cuidados 31
Ea ética del cuidado 36
Hacia un “decálogo” de buenas prácticas para incorporar o reforzar la perspectiva de género
en los grupos 40
Bibliografía 43
2
Agradecimientos
El resultado final es fruto de un proceso con varias fases, a lo largo de varios meses de trabajo
discontinuo. Entre las diversas personas que han contribuido de una u otra forma, quiero
agradecer a Javier Fernández por su apoyo con el enfoque inicial; a Lina Pérez, Miguel Plaza
'Aua', Montse Llórente y Pierre Franqois por los comentarios realizados a la versión
provisional; a Bea Cobo por su apoyo significativo en diversas fases del trabajo; y a M. a José
Estrada por su apoyo constante a varios niveles.
Licencia
Excepto las fuentes referenciadas, el contenido original es responsabilidad exclusiva de su
autor, quien por propia iniciativa lo publica en
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Internacional.
3
Introducción, justificación y antecedentes
Breve introducción del contexto
El contexto de este trabajo está vinculado al nivel medio de Facilitación de Procesos
Grupales 3 , dentro del currículo formativo del IIFAC-E 4 . El requisito era un trabajo teórico-
reflexivo sobre algún tema relacionado con facilitación, con una extensión entre 30 y 50
páginas.
Entre los objetivos que me planteé al realizarlo, figuraban:
• Explorar los vínculos entre Facilitación y Género, pudiendo respaldar a aquélla como
herramienta para trabajar la perspectiva de género 5 en las organizaciones y, por
extensión, en la sociedad en su conjunto.
• Utilizar este trabajo para acercar la facilitación de procesos grupales a organizaciones
interesadas en trabajar dentro de ellas la perspectiva de género o que ya lo estén
haciendo.
• Ofrecer un documento útil para la “comunidad facilitadora”, recopilando recursos
teóricos y prácticos con los que incorporar o reforzar la perspectiva de género al
ejercer como facilitador/a.
Al igual que el contenido, también he querido cuidar el formato. Sin otros requisitos que
los arriba indicados, he optado por combinar formatos y contenidos, procurando que resultase
ameno de leer (para alguien con un mínimo interés previo por la temática). Así, he incluido
imágenes, referencias académicas, reflexiones personales, comentarios recibidos durante su
elaboración (identificados con fondo gris), etc.
Quiero destacar este último punto, ya que en cierto modo se trataría de un trabajo
colectivo aunque lo firme una persona. Es decir, el trabajo se nutre — implícita o
explícitamente — de aportaciones de decenas de personas que respondieron a mi llamada en
un momento dado — antes de decidir el tema central donde enfocarlo — , así como de
3 “La Facilitación es el conjunto de habilidades, técnicas y herramientas para crear las condiciones que
permitan un desarrollo satisfactorio de los procesos grupales y personales; tanto en la consecución de sus
objetivos y realización de su visión, como en la creación de un clima relacional donde reine la confianza y
una comunicación fluida, empática y honesta” (IIFAC-E).
4 Instituto Internacional de Facilitación y Cambio hacia el Elderazgo - www.facilitacion.org
5 Entendida como la utilización del concepto de género (características sociales aprendidas en función del
sexo biológico) para el estudio de las desigualdades entre mujeres y hombres o para la aplicación de
prácticas sociales conducentes a la igualdad.
4
experiencias grupales vividas a lo largo de esta y otras formaciones, donde el género ha sido
un tema presente y a veces muy vivo, al igual que lo está en nuestra sociedad, en el mundo, lo
ha estado a lo largo de los siglos y lo seguirá estando de una u otra forma.
Esta última circunstancia resultaba muy atrayente para poder aportar un granito de arena a
uno de los grandes temas y a la vez me producía cierto respeto. Por ello, quiero dejar claro —
y descargarme algo de peso mientras escribo esto — que este trabajo no es ni pretende ser “el
trabajo sobre facilitación y género”, sino uno más de los — aparentemente escasos — que se
hayan realizado y de los que — espero muchos más — estén por venir.
En las citas referenciadas se ha respetado la construcción lingüística original y me he
permitido subrayar algunas frases o conceptos.
Por último, aclarar que junto a otras formas de lenguaje inclusivo, también incorporo el
genérico neutro con forma de “x”, tratando de representar la diversidad existente en la
realidad, que tanto en sexo como en género abarca más que dos únicas opciones rígidas 6 .
Como justificación formal, tengo antecedentes de haberlo utilizado en un ámbito académico:
asignatura Educación para la Igualdad de Género en el Grado de Educación Social (UIB,
2011 - 2012 ).
Justificación de la temática elegida
(. . .) Ahí pienso yo que se encuentra la facilitación con el género, como cuestionador de los
roles y las relaciones de poder.
Desde el inicio tuve claro que el vínculo entre Facilitación de Procesos Grupales y
Perspectiva de Género suponía un gran tema a explorar, por ser dos de mis principales centros
de interés en los últimos años. Lo que más me costó fue poner el foco en una temática
concreta dentro de ese gran abanico con múltiples vertientes posibles, es decir, escoger una
temática y a la vez descartar otras opciones.
6 Ver concepto de binarismo de género -nota al pie n.° 10- y diferencia entre sexo y género -subapartado
Género, Feminismo(s) y Ecofeminismo(s)-.
5
Creo que el tema de la lógica de cuidados te podría resultar interesante como punto de
partida para centrar el tema que pretendes dar forma. Igual me equivoco en tu idea, pero
el trabajo grupal (como pasa en la psicología y otras disciplinas de ciencias no exactas)
responde más a una lógica tradicionalmente femenina y feminizada, y de paso
infravalorada, ya que el cuidar (ya sea grupos, familias, personas...) son valores más
relegados a lo femenino. Como ya sabrás, desde la lógica de dominación masculina
priman otros valores que gozan de privilegios...
Así que finalmente opté por explorar cómo desde la Facilitación de Procesos Grupales se
aborda, se puede incorporar o reforzar la perspectiva de género, vinculándolo con el trabajo
de cuidados aplicado al contexto de grupos y organizaciones. Así, la combinación de
cuidados, feminismo(s), ecofeminismo, sostenibilidad y facilitación tenía mucho sentido para
mí, estaba alineada con mis centros de interés y opté por enfocarlo hacia esa combinación.
Podemos decir sin demasiado riesgo de equivocarnos que en toda organización están
presentes tensiones o conflictos con trasfondo de género. Por ejemplo, en las formaciones de
Facilitación de Procesos Grupales a las que he asistido y continúo asistiendo con diversos
roles ha sido uno de los temas clásicos que se suelen abordar en algún momento del curso, por
tratarse de un tema vivo en el propio grupo de participantes, de igual forma que lo está en el
conjunto de la sociedad en la que está inmerso dicho grupo. Para parte de este alumnado, este
tema es “el gran tema” o al menos uno de los más importantes y presentes en sus grupos.
Algunos antecedentes
Pili Álvarez (2010) realizó un estudio sobre las relaciones de género en los Centros
Sociales Okupados (CSO) de Bilbao, con la hipótesis inicial de que aunque esos espacios
rechazaban el machismo, en la práctica se reproducían las desigualdades de género. Durante
la investigación constató varias situaciones: la necesidad de cuidar las asambleas (debido, por
ejemplo, a tomas de decisiones extraoficiales en contextos de hombres); diferencias al
configurar espacios físicos (un rocódromo habilitado por los chicos para escalar o trabajar,
frente a un espacio de danza habilitado por las chicas incorporando una tetería anexa donde
relacionarse entre ellas); la existencia de liderazgos masculinos frente al discurso general de
huir de líderes o personalismos; o la existencia de un modelo comunicativo hegemónico (el de
los hombres). La autora consideró corroborada la hipótesis, ya que, “aunque las y los
participantes de estos centros teóricamente rechazan el patriarcado y sus consecuencias, en la
6
práctica, en numerosas ocasiones siguen reproduciendo, consciente o inconscientemente, los
modelos de género establecidos socialmente perpetuando las desigualdades de género”. Como
propuestas, apunta las siguientes:
El primer paso para la solución del sexismo es que todas las participantes de los CSO
reconozcan que existen prácticas discriminatorias en los centros sociales. Pero,
además de reconocerlas, se ha de ver la necesidad de combatirlas . También se ha de
ver la necesidad de la ruptura entre el binomio público y privado , ya que tanto en el
espacio público como en el privado se sitúa la política (lo cotidiano es política y lo
personal es política). Posteriormente al reconocimiento y al deseo de cambio tiene
que haber un trabajo personal y colectivo (...), por eso es conveniente que dicho
trabajo colectivo se haga por sexos pero siempre con un posterior trabajo mixto.
Más recientemente, Edurne Arguiñano (2014) dedicó su trabajo de fin de máster a Las
relaciones de poder en los movimientos sociales en Gares (Navarra), incluyendo un apartado
enfocado en las relaciones en los movimientos sociales respecto al género. En conjunto, la
autora encontró cuestiones estudiadas como tradicionales, según el marco teórico establecido,
y nuevas tendencias que configurarían nuevos modelos de participación social o de identidad.
Entre sus conclusiones, hallamos que:
La puesta en práctica del sistema sexo-género dentro de los Movimientos Sociales se
ha detectado en diferentes cuestiones, como por ejemplo en cuanto al tipo de
personas que participan en los Movimientos Sociales.
(...) En general, las mujeres de los colectivos estudiados pertenecen más a grupos
que trabajan cuestiones personales, cotidianas, del día a día, es decir, micro, y los
hombres sobre aspectos más generales, más políticos o estructurales, más macro,
siguiendo la estructura tradicional de las dos esferas: espacio público y privado. Sin
embargo, existe una nueva tendencia, en la que esta distribución se equipara. (...) Se
puede detectar especialmente cómo son las mujeres quienes participan en lugares
tradicionalmente ocupados por hombres (...).
Sobre la prevalencia de la dicotomía de lo público y lo privado, lo personal y lo político:
Los hombres, pese a ser menos cuantitativamente, ocupan los espacios públicos en
mayor medida y más cómodamente que las mujeres, ya que ellas se encuentran
mejor, generalmente, en espacios privados. Además, a los espacios públicos se les
7
otorga mayor valor ya que en la estructura del sistema sexo-género, con su ideología
androcentrista se le da mayor importancia a todo lo relacionado con lo masculino,
identidades, roles, estereotipos, y también a los espacios ocupados tradicionalmente
por hombres y considerados masculinos. Otro ejemplo sería cómo la palabra de los
varones es escuchada en mayor medida que la de las mujeres, principalmente en
espacios públicos o más expuestos, (...) ya que ellos toman la palabra un mayor
número de veces que ellas (aunque también existen mujeres que destacan por el uso
de la misma). Y dicha escucha está connotada de mayor respeto, circunstancia por la
que en ocasiones las mujeres tienden a adoptar actitudes masculinizadas para que se
les preste atención. Además, se utiliza generalmente un lenguaje que invisibiliza a las
mujeres, mediante por ejemplo el uso del masculino genérico, aunque existen gratas
excepciones (...).
Respecto a los temas de interés y de conversación:
Parece ser (...) que a las mujeres les preocupan más los temas sociales, incluso en
algún caso concreto personales, y a ellos más aquellos dirigidos al ocio o el
entretenimiento, aunque en ocasiones también les interesa del mismo modo que a las
mujeres la denuncia política. Se entiende que la formación y la adquisición de
conocimientos, pertenecientes a ámbitos más privados y personales, interesan más a
las mujeres (...).
(...) a los hombres se les adjudica una forma más racional de comunicarse, de pensar,
de actuar... y a las mujeres, por el contrario, una más emocional. (...) en general los
sentimientos no es un tema el cual se trate dentro de los Movimientos Sociales, ya
que aunque algunas personas lo desean, y así lo explicitan principalmente mujeres,
no existen espacios para ello. (...) De esto se puede deducir que esta forma de
expresión emocional tiene una menor valoración, al igual que ocurre socialmente,
donde los sentimientos no son considerados como algo a “valorar”, y además se
relegan al ámbito privado y personal, todo ello considerado parte de la feminidad.
La valoración inferior que caracteriza todo lo femenino no escapa de las propias
percepciones que tienen las mujeres de ellas mismas, ya que en ocasiones éstas se
sienten fuera de lugar realizando actividades tradicionalmente consideradas propias
de los varones, como puede ser el hablar en público o liderar un colectivo. Sin
embargo, no pueden olvidarse los elementos estructurales puestos en juego en esta
8
dinámica como el hecho de que existe un rechazo social implícito que, en ocasiones
(...) impide que las mujeres realicen estas tareas, o que para llevarlas a cabo tengan
que realizar un esfuerzo extra.
En relación al liderazgo, se encontraron dos tendencias:
En primer lugar el denominado liderazgo tradicional observado principalmente en los
hombres, y caracterizado por una gran oratoria, cuestión muy valorada por los
grupos, una organización predominantemente a corto o medio plazo, una legitimidad
otorgada por parte del grupo, e incluso una presión para que se ejerza ese papel,
también hacia mujeres. Dichos líderes tradicionales, reciben usualmente información
por parte del grupo, pero no siempre cooperación.
Frente a esta forma, (...) cuando se ejercen nuevos liderazgos, las mujeres parecen
asumir papeles que les perjudican de algún modo. Por ejemplo, no se destaca por
liderazgos con sentido de autocuidado y calidad de vida, ni por un ritmo estable, ni
por discontinuidades en el liderazgo, y en general se valoran más los resultados que
el proceso.
Por ello, puede decirse que el protagonismo es principalmente masculino, ya que son
los varones quienes ocupan los espacios visibles y valorados socialmente. Además,
debido a la costumbre y a las pretensiones personales, parece que pese a ser menos,
dichos varones realizan más cierto tipo de tareas, y tienen una mayor pretensión a
proponerlas, o sus iniciativas son mas escuchadas por lo que tienen un desenlace más
positivo, aunque esto dependa también de otros factores. Hay personas, que a su vez
desean alcanzar el poder, y pese a que esto no sea lo general dicha situación es mejor
vista cuando la lleva a cabo un hombre que una mujer.
En general, la militancia en Puente la Reina / Gares se acerca bastante a las
características tradicionales y masculinizadas, aunque se observan tendencias en
direcciones más igualitarias y nuevas formas de liderazgo, sobre todo en cuanto a las
pretensiones, aunque luego no exista siempre una coherencia con lo que se lleve a
cabo. Una cuestión básica observada durante todo el proyecto es cómo en muchas
ocasiones se trabajaba desde el “espejismo de la igualdad”, aludiendo a causas
personales lo que son consecuencias estructurales. Sin embargo, aquellas personas
con mayores conocimientos en género, tienen una mayor conciencia sobre estas
relaciones de poder, por lo que son más proclives a generar un cambio al respecto.
9
Por ello, podría ser interesante alcanzar un alto conocimiento en género por parte de
las personas que participan en estos colectivos, ya que ésta es, como ha podido verse
a través de esta investigación, una de las formas más eficaces de construir relaciones
igualitarias .
Por último, Miguel Plaza (2016) en su reciente trabajo Escucha, género, facilitación
reflexiona sobre “¿cómo podemos incorporar las gafas del género a nuestra facilitación?” y
recoge una serie de propuestas prácticas para tratar de tener presente la perspectiva de género
en la labor con grupos:
Esta labor requiere para mí de dos procesos: el primero es el de atender a la realidad
colectiva que genera el orden patriarcal y traerla a lo visible para poder actuar sobre
ella. Para mí está centrado esencialmente en detectar y reconocer la opresión
generada a diferentes niveles desde lo masculino sobre lo femenino, así como a
poder comenzar a tomar consciencia de cómo esto sucede también en nuestra cultura
grupal e identificarlo en nuestros grupos para comenzar a cambiarlo . Algunas
posibles pistas para este trabajo serían 7 : (...)
El segundo proceso es para mí el que puede tener lugar una vez que las bases del
primero están en marcha y asentadas, y una vez que reconocemos el dolor y la
opresión derivada del patriarcado. Es un proceso para mí situado en el espacio del
poder creativo, y en el que podemos observar que tanto la masculinidad como la
feminidad hegemónicas tienen componentes que provienen en buena parte del
patriarcado y el machismo-sexismo. Ello nos lleva a revisar la opresión del
patriarcado más allá del espacio masculino-femenino, entendiendo que el patriarcado
también puede generar opresión en las relaciones de hombres con hombres y de
mujeres con mujeres. ¿Cuál es la propuesta?
Construir juntas, como personas, un espacio transgénero, en el que ir transgrediendo
y rompiendo los muros de los estereotipos de género. Un espacio generativo en el
que tratar de que cada persona tengamos la menores cargas, limitaciones o
expectativas, que vienen asociadas al género, o incluso el sexo que nos son
socialmente asignados. Un espacio donde legitimarnos como personas a acceder al
espectro completo de las emociones y poder expresarlas y compartirlas, a sentirnos
capaces de abordar cualquier tarea o rol más allá de lo socialmente adecuado para
7 Aportaciones recogidas en el último bloque de este trabajo: Hacia un “decálogo”. . .
10
nosotras, a construir la equivalencia y construir colectivamente desde nuestro poder
creativo.
Este espacio transgénero es un espacio de trabajo mixto que puede requerir o
requiere trabajo previo no mixto (...)
El espacio persona favorece la posibilidad de construir un espacio de autoestima sana
y de liderazgo de nuestra propia vida, y nos permite abandonar el triángulo dramático
(perseguidor-víctima-salvador), generando otras posibilidades de relación más allá de
la dualidad de género y de la tradicionalmente dañada autoestima femenina y el
autoritarismo masculino, que puede ser mirado igualmente como otra forma de
autoestima dañada que se afirma a costa de otras personas .
11
Introducción personal: quién realiza este trabajo y desde dónde se
plantea
Para empezar, te diría que en el trabajo partieras del lugar desde el que escribes (en tu
caso: hombre, occidental y lo que consideres relevante señalar de ti), también para
encuadrar el marco teórico, pero sobre todo para explicar la subjetividad de quien
escribe. No es lo mismo que lo que digas lo digas tú que otra persona de otro lugar, mujer,
hetero o lesbiana. . . Si no partes desde ahí, algunas feministas y construccionistas nos
tiraríamos a degüello!! jajaja. . .
Será muy interesante que sobre todo lo articules partiendo de tu propia experiencia, tus
sentimientos, sensaciones, dificultades, etc.
Siguiendo el trabajo de Beatriz Cobo (2015):
La mirada apreciativa con la que nos posicionamos a la hora de abordar cualquier
estudio es importante señalarla, ya que las vivencias evolutivas y personales
constituyen un papel fundamental en la definición de lo que sería la forma de mirar al
mundo de cada persona.
Por ello, incluyo este apartado específico para pretender responder a quién realiza este
trabajo y desde dónde se plantea. Consideré incluirlo desde el inicio de plantearme este
trabajo y algunas de las aportaciones recibidas durante su elaboración me reforzaron en ese
sentido.
Por tanto, empezaré diciendo que las diversas circunstancias que han atravesado y
atraviesan mi vida han propiciado que, a día de hoy, me sienta hombre, heterosexual y
feminista (calificativos que ampliaré más adelante).
Otras consideraciones sobre mi identidad son que mientras elaboro este trabajo tengo 41
años, he desarrollado mi vida en la denominada “sociedad occidental”, pertenezco a su etnia
mayoritaria, me identifico como gallego — por lugar de origen y de residencia hasta los 30
años aproximadamente — , como emigrado — por una mezcla de voluntad propia y
circunstancias socioculturales — y como residente en Málaga desde hace varios años.
Respecto al ámbito laboral, el empleo convencional no ha sido un elemento central en mi
vida, habiendo procurado dedicar mis energías a aquello que valiese la alegría y donde
procurase aunar satisfacción individual con beneficio colectivo — a nivel de sociedad y
12
planeta — . En esa línea, desde 2007 estoy vinculado — como responsable principal desde hace
años — a Red Copa de Luna, iniciativa sin ánimo de lucro que divulga, distribuye y vende
alternativas para una menstruación más saludable, ecológica, económica y consciente (copas
menstruales, eco-compresas orgánicas reutilizables y libros sobre el ciclo menstrual).
Actualmente me estoy profesionalizando como facilitador de procesos grupales, siendo
miembro del IIFAC-E desde enero de 2017 y conformando un equipo desde hace un tiempo
con otrxs compañerxs de la provincia malagueña.
Retomo la ampliación de las tres primeras concepciones (hombre, heterosexual y
feminista):
Si bien me han atraído los postulados de la Teoría Queer, no quiero “escapar” a cómo
socialmente se me ha considerado y se me sigue considerando respecto a mi sexo biológico,
identidad de género y expresión de género, es decir, alineado con varón- hombre -masculino.
Esquivar esto u optar por asociarlo a una identidad más abierta o ambigua podría conllevar el
riesgo de perder cierta consciencia de lo que implica ser hombre en una sociedad patriarcal.
Es decir, asumirme actualmente como hombre implica asumir el rango social y los privilegios
atribuidos a esa categoría y con ello tratar de hacer un uso consciente de dicho rango, en
beneficio colectivo y evitando cometer abusos — asociados a cualquier tipo de rango alto y
que mayoritariamente realizamos de forma inconsciente — .
La identificación como heterosexual también me la he revisado tras ser influido por la
Teoría Queer. Desde hace años me considero abierto a que me puedan atraer personas de
categorías distintas a la de “mujer”. Como en la práctica eso no me ha sucedido y en la línea
del punto anterior, me siento heterosexual — sin necesidad de “hacer bandera” de ello — y no
de forma más abierta, ambigua o socialmente mejor aceptada en ciertos ámbitos alternativos.
La identificación como feminista sería la más reciente de las tres. La entiendo no como un
punto de llegada, sino como un proceso vital en permanente construcción y revisión, de igual
modo por ejemplo que considerarme facilitador. A lo largo de mi vida he tenido bastante
alergia a las etiquetas, dogmas, conceptos autorreferenciales, etc. Sin embargo, siento que
internamente he asumido de muy buena gana la de “feminista”, vinculada al papel que como
hombres podemos realizar apoyando las reivindicaciones feministas, tratando de tener muy
presente la siguiente cita:
LOS HOMBRES QUE
QUIEREN SER
FEMINISTAS NO
NECESITAN TENER
ESPACIO EN EL
FEMINISMO.
NECESITAN TOMAR EL
ESPACIO QUE TIENEN EN
LA SOCIEDAD V HACERLO
FEMINISTA.
KELLEY TEMPLE.
13
Así, además de una identificación en el plano teórico, en mi caso pretende tener un
enfoque de utilidad. Una forma de explicarlo parte de un contexto general en el que a estas
alturas aún es necesaria una labor pedagógica básica, dada la confusión y las diversas
reacciones que sigue provocando todo lo relacionado con el feminismo, como demostraría la
circulación por redes sociales de imágenes como las siguientes:
O Machismo:
Falsa superioridad del hombre sobre la mujer. Provoca discriminación y
violencia física y verbal (puede llevar implícito la misoginia).
Conjunto de actitudes y prácticas aprendidas sexistas llevadas a cabo en
pro del mantenimiento de órdenes sociales en que las mujeres son
sometidas o discriminadas.
O Patriarcado:
Estructura sociopolítica que articula la sociedad mediante el control
masculino.
O Misoginia:
Actitud de odio hacia las mujeres (forma parte del machismo).
Misandria:
Actitud de odio hacia los hombres.
Feminismo:
Defensa de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Defensa
contra cualquier tipo de dominación y autoritarismo.
Feminazismo:
Término peyorativo inventado por Rush Limbaugh, ultraderechista, para
referirse a las mujeres que defendían el derecho al aborto. Compara la
lucha por la igualdad y la libertad de las mujeres con el holocausto nazi.
Hembrismo:
Se trataría de una falsa superioridad de la mujer sobre el hombre. Es una
falacia, ya que no existe un sistema económico, social y cultural en el que
prevalezca la supremacía de la mujer.
14
Considero que en diversos ámbitos — desgraciadamente no marginales — todo lo que
“huela a feminismo” es prejuzgado sin darle la oportunidad ya no de ser bien acogido, sino
tan siquiera de ser expresado o escuchado. En situaciones así y preferentemente en grupos de
hombres, es donde considero que haciendo un uso consciente de mi rango como hombre
puedo tener mayor influencia práctica que una mujer, que por el mero hecho de serlo podría
tener menos oportunidades de intervenir, de ser escuchada, de ser tenida en cuenta..., en
definitiva, menor capacidad de influir. Dicho de otra forma, una misma propuesta vinculada a
algún aspecto de la perspectiva de género puede obtener distinta atención y resultado en
función de quién la realice. Si como hombre en esos ámbitos puedo ser considerado como
“uno de los nuestros” y puedo “colar” un mensaje con perspectiva de género, ¿sería mejor
desaprovechar esa oportunidad porque en lo tocante a feminismo deben ser únicamente las
mujeres a quienes corresponde tal misión...?
A la vez, los riesgos asociados al planteamiento anterior son claros: reforzar la idea de que
los hombres somos imprescindibles, hacerlo desde una actitud paternalista, apropiarnos del
protagonismo — una vez más — , buscar nuestro propio beneficio, etc. Soy consciente de que
es un tema delicado y las consideraciones son múltiples. Aquí he pretendido reflejar mi visión
actual sobre esta cuestión, consciente de las distintas visiones y concreciones prácticas que
existen sobre el papel que los hombres podemos jugar en torno al feminismo.
En otro orden de cosas, una de las cuestiones significativas pendientes sería: ¿dónde y
cómo volcar la rabia acumulada históricamente por las mujeres? De no abordarla, es fácil que
se produzcan opresiones por ambas partes: hombres que en su día a día
perpetúan/perpetuamos desigualdades que aumentan esa rabia y, si bien en menor cantidad,
mujeres que puntualmente pueden abusar de su mayor rango contextual — por ejemplo en un
ámbito feminista — y con ello "microvengarse" de forma inconsciente ante hombres en
situación de minoría, por dicho historial acumulado “contra los privilegios de los hombres” en
su conjunto. El trabajo personal y colectivo sobre rango o estatus (privilegios, abusos, uso
in/consciente...) resulta muy recomendable para abordar estas y otras situaciones con mayor
consciencia 8 .
Al plantearme la idea inicial de este trabajo, no me consideraba “principiante” ni
“experto” en perspectiva de género, sino en algún punto intermedio. Al solicitar sugerencias
iniciales a miembros del IIFAC-E sobre cómo enfocar este trabajo, una de las respuestas —
8 Para ampliar estos conceptos, recomiendo la lectura de Rango y abusos de poder, junto a otros textos sobre
estatus de José Luis Escorihuela 'Ulises' (ver bibliografía).
15
emitida por un hombre — fue la siguiente:
No sé tu acercamiento ai tema, pero para mí lo primero sería que leyeses algún texto
feminista para entender bien qué es el género. Hay un libro que está muy bien que se
llama "Feminismo para principiantes", también muchos textos en internet. Los feminismos
han sido los que han venido trabajando hace ya muchos años sobre el tema del género
(desde diversas miradas) y yo creo que es fundamental partir de todo ese trabajo.
Si bien su encabezamiento me pareció totalmente correcto (“No sé tu acercamiento al
tema, pero para mí lo primero sería...”), me generó una reacción interna tipo “Eso ya lo sé,
no me considero 'principiante’...”. Ahora reconozco que no me ha sobrado leer el citado libro
porque aunque aborda cuestiones que mayoritariamente no me eran desconocidas, sí me ha
servido como mínimo para asentar algunas de ellas mejor de lo que creía tenerlas asentadas.
Para seguir explicando quién realiza este trabajo y desde dónde lo hace, incluyo y amplío
a continuación lo que respondí a la citada aportación.
Me considero una persona que se identifica conscientemente como feminista desde hace
unos años — tal vez no llegue a 10 — y sensibilizada con cuestiones de género desde hace
unos 20 años — momento en el que por ejemplo escribí sobre lenguaje sexista en fanzines
político-musicales y político-futboleros y tiempo que llevo utilizando lenguaje inclusivo — .
Progresivamente he ido aumentando mi conciencia sobre estas cuestiones, integrándolas y
tratando de aplicarlas en la vida pública y privada.
Un ejemplo reciente de aplicación ha sido en el ámbito laboral. Durante el primer
semestre de 2016 ejercí como educador social a jornada completa en la obra social de una
congregación religiosa, formando parte del equipo técnico junto a 4 mujeres — incluida la
directora de la obra social y a su vez madre superiora de la congregación — y teniendo
contacto directo con varias decenas de usuarias-residentes, todas ellas mujeres. Resultó que
fui el primer hombre en esas circunstancias, lo que para la responsable de la entidad supuso
una apuesta y cierto riesgo, y un gran reto para mí. Una de mis labores consistió en realizar
talleres educativos y por iniciativa propia realicé varios con enfoque de género: factores de
influencia social en el desarrollo de la vida por el hecho de ser mujer, representación de la
mujer en los medios de comunicación, acercamiento a referentes femeninos de relevancia
histórica, “deconstrucción de género” (distinguir entre sexo biológico, identidad de género,
16
expresión de género, atracción sexual y romántica 9 ; ampliando el enfoque del binarismo de
género 10 ), etc. La evaluación de mi labor por parte del equipo técnico incluyó comentarios
como “un perfil muy distinto al que estamos acostumbradas”, “conocimientos sobre temas
que no solemos trabajar”, “talleres muy distintos a los que solemos dar”, junto a un refuerzo
positivo por haber contado con un hombre que proporcionaba un trato digno e igualitario a las
usuarias — algunas de ellas con experiencias de violencia de género, prostitución o trata — .
Por todo ello y por experiencias grupales vividas — incluyendo algunas más bien
padecidas — , prefiero participar en ámbitos donde el cuidado esté presente y fomentarlo en la
medida de mis posibilidades: cuidado hacia y desde el grupo sobre las relaciones
interpersonales, intragrupales, intergrupales...
Una de mis primeras observaciones vinculadas a la perspectiva de género en contextos
grupales, sin considerarme especialmente concienciado con ella en aquel momento, fue una
situación que a posteriori se repetiría y sería un ejemplo habitual a la hora de evidenciar estas
diferencias: una mujer interviene sin que sus argumentos sean especialmente tenidos en
cuenta, mientras que al cabo de un rato un hombre repite prácticamente los mismos
argumentos y esta vez sí son considerados de interés para el grupo.
En mis primeras experiencias como participante en grupos — vinculados a movimientos
sociales y de música como expresión de crítica social y difusión de alternativas — , la
distribución entre sexos arrojaba un balance muy mayoritario de hombres respecto a mujeres,
incluyendo grupos compuestos exclusivamente por hombres o algunos en los que las mujeres
estaban presentes básicamente con el rol de “pareja de” algún miembro masculino del grupo.
Mi primera “experiencia grupal potente” fue como coimpulsor de un centro social
autogestionado (Mil Lúas), que fue el centro de mi vida durante 2 años — 2000/2002, desde
empezar a idearlo hasta sus primeros meses de actividad — . Me llevó varios años
reconocerme como víctima de violencia psicológica en un contexto así, supuestamente
asambleario, autogestionado, liberado y demás calificativos autorreferenciales. Más que
enfocarme en personas concretas como posibles causantes de esas situaciones, con el paso del
tiempo mis reflexiones evolucionaron hacia una perspectiva más grupal: ¿qué nos había
pasado a ese grupo impulsor de 7 personas — 6 hombres y 1 mujer — para, partiendo de un
contexto aparente de afinidad y objetivos comunes, acabar permitiendo que sucediesen
9 http://itspronouncedmetrosexual.com/2015/03/the-genderbread-person-v3/
10 https://eldemonioblancodelateteraverde.wordpress.com/2014/ll/19/binarismo-de-genero/
17
situaciones de acoso psicológico entre nosotrxs, entre compañerxs? La conclusión que extraje
— con la perspectiva del tiempo transcurrido y la distancia geográfica debida a mi proceso
emigratorio — fue que no habíamos dispuesto del conocimiento, la experiencia, las
herramientas y la voluntad grupal suficientes para abordar tensiones y conflictos de ese tipo.
Experiencias como esta constituyen parte importante de mi motivación para dedicarme a la
facilitación de procesos grupales y por ello la plasmo públicamente aquí por primera vez.
Mi siguiente “experiencia grupal potente” fue como coimpulsor de lo que inicialmente
denominamos “proyecto serio de consumo consciente”, que durante 1 año — 2007/2008 — a
su vez me sirvió de “reconciliación con A Coruña”, incluida la citada experiencia con poso
agridulce. En esta nueva aventura tuve claro que el cuidado y la cohesión grupal eran
elementos clave a implementar y fomentar desde el inicio, sin postergarlo a cuando se llegase
a formalizar dicho proyecto. Pocos meses antes acababa de cmzarme por primera vez con la
facilitación de grupos y esta fue mi primera experiencia ejerciendo un rol consciente de
facilitador, desdoblándome como miembro del propio grupo y poniendo en práctica varias
aplicaciones, limitadas respecto a las que hoy en día puedo conocer y a la vez novedosas y
altamente satisfactorias para aquel proceso de conformar un grupo de trabajo que acabaría
constituyendo la primera cooperativa de consumo consciente y responsable en A Coruña
(Zocamiñoca).
Algunas de esas aplicaciones destacadas por el propio grupo promotor fueron 11 :
• Que fuese un proceso consciente : hacer explícitos y estar atentxs a aspectos que en
otras ocasiones se dan por supuestos, pero no se cuidan, como por ejemplo: cuidar la
parte humana y los aspectos más emocionales del proceso , que fuese eficiente a la vez
que cordial, ameno, satisfactorio (individual y grupalmente), realmente participativo
(formas flexibles de participar que trascendiesen la dicotomía “o estás en el núcleo o
estás fuera”)...
• Atención a una participación equilibrada : roles de género, distintos niveles de
experiencia y de conocimiento, “síndrome del fundador” (miembros fundadores bien
diferenciados y con mayor estatus), fomento de liderazgos compartidos, metodología
muy participativa, transparente e inclusiva. . .
11 Basado en el dossier Primer año de trabajo del Grupo Promotor que originó Zocamiñoca, disponible en
castellano y galego en http://zocaminhoca.org/zocaweb/index.php/quen-somos-menu/proceso-constituinte
18
• Priorizar la inclusión de diversidad frente a posiciones de partida totalmente alineadas;
fomento del diálogo y debate sin imposiciones (expresión libre antes de buscar
consenso, fomentar la riqueza que aportan visiones diferentes); poder exponer dudas y
contradicciones sin miedo a sentirse rechazadx : puesta en común de las visiones
individuales de cara a conformar las bases consensuadas del proyecto.
• Asunción colectiva de propuestas inicialmente personales : opiniones o ideas lanzadas
por una persona pasan a formar parte del grupo (en su caso, tampoco se trata de
aceptar todas...) => proceso acumulativo de reflexión y acción, para lo “bueno” y lo
“malo” => asunción colectiva de éxitos y fracasos (evitar protagonismos destacados
en los éxitos y en el señalamiento de fracasos).
• Afrontar la necesidad de reconocimiento : canalizarlo de forma colectiva en vez de
individual, de ponerse medallas (“las medallas se ponen solas con el tiempo”).
• Respeto del ritmo grupal > tiempos > fomento de la libre expresión > decisiones
asumidas. No saltarse esos pasos, dedicarle tiempo a las cosas importantes, para tomar
decisiones sólidas y asumidas colectivamente . En la toma de decisiones importantes:
contrastando muchos puntos de vista, con unos tiempos de "maduración" que no hacen
que las decisiones sean infalibles, pero sí que todas las participantes queden con una
idea clara de lo que se va a hacer.
• Hacerlo lo mejor posible desde el inicio, de forma rigurosa. Romper la “profecía de
autocumplimiento” de mal funcionamiento e ineficacia en grupos horizontales.
• Implementar procesos de acompañamiento de las nuevas incorporaciones :
conocimiento mutuo de ambas partes (grupo y persona interesada en incorporarse).
• Combinar reuniones con diversa finalidad (dialogar-reflexionar-debatir, decidir,
planificar...) y duración (2h, días enteros...), incluyendo “ jornadas de convivencia
grupal ” (talleres, asistir a reuniones externas, visitas a proyectos, ocio compartido...).
• Cuidado y preparación de las reuniones : cuidado por parte de lxs anfitrionxs (entorno,
comida, bebida...), cuidados colectivos.
• Utilizar acuerdos básicos en las reuniones: usar facilitador/a (con apoyo y evaluación),
todxs participan, cumplir tiempos, ajustarse al orden del día, hablar de 1 en 1, no
intervenir por 2 a vez antes de que todxs hayan podido intervenir, evitar “dar
19
discursos”, hablar desde unx mismx (no por boca de otrxs o incitándoles a hacer
cosas), etc.
Por último, uno de los procesos personales paralelos a mi itinerario formativo en
facilitación está relacionado con los roles que he desarrollado con mayor o menor frecuencia
y soltura en mi vida. Vengo reflexionando para mí que huir de aquello que no me gustaba de
“ambientes masculinizados” o con preponderancia de “roles masculinos” tal vez me haya
llevado al extremo contrario, es decir, a huir de aquellos roles que asocio con actitudes a
evitar para no repetir aquello que no me gusta ver en otros hombres. De esta forma, he
detectado que necesitaba reubicarme, acogiendo aquella “energía masculina” necesaria en
ciertos momentos — utilizada con consciencia — como una parte de mí que posiblemente haya
marginado o ni siquiera haya explorado o explotado suficientemente. Me refiero por ejemplo
a una mayor firmeza en la palabra y la acción en ciertos momentos o a la expresión de
malestar y enfado, efectos que habría tenido como hombre en una sociedad patriarcal al evitar
reproducir conductas asociadas a cómo se debe comportar un hombre 12 .
12 Dándole voz a mi crítico interno, preocupado por el qué dirán, este reconocimiento no pretende quitar un
ápice hacia cómo las mujeres históricamente se han visto y se siguen viendo afectadas.
20
Una primera aproximación a la aplicación de la Perspectiva de
Género en la Facilitación de Procesos Grupales, a través del marco
teórico de los Cuatro Espacios Sagrados 13
En este apartado vamos a considerar la incidencia de la perspectiva de género según los
tipos de momentos presentes o ausentes en el funcionamiento cotidiano de un grupo. Para
ello, utilizaremos el marco teórico de los Cuatro espacios sagrados 14 propuesto por José Luis
Escorihuela 'Ulises' (2012b), del que extraeremos referencias a lo largo de todo este apartado,
empezando por la esencia de su propuesta:
A lo largo de varios años como facilitador de grupos he identificado cuatro grandes
espacios que deberían estar presentes en todo grupo que aspire a convertirse en una
auténtica comunidad:
1. La Asamblea, o espacio para la toma de decisiones.
2. El Foro, o espacio para la gestión de emociones.
3. El Taller, o espacio para la indagación colectiva, creativa y artística.
4. El Círculo, o espacio de cohesión y celebración de la unidad y de
reconocimiento de los éxitos colectivos (...)
Si en la asamblea prima la mente y la razón, como principal facultad humana para el
análisis y el juicio, en el foro prima el corazón, la expresión emocional y el
descubrimiento de las fuerzas que actúan a través de nuestros actos inconscientes;
mientras que en el taller damos paso a la sabiduría del cuerpo y de la palabra que
emerge desde el profundo interior del grupo; y en el círculo compartimos desde la
unidad que subyace toda palabra, todo gesto.
La mera presencia o ausencia de los diversos espacios propuestos ya puede indicar el
grado de consciencia y apertura del grupo en cuestión a incorporar momentos distintos de
aquellos predominantes en una “cultura como la nuestra, que favorece el discurso racional
sobre otras formas de expresión”. Así, sólo el espacio de toma de decisiones “ha alcanzado el
reconocimiento necesario que le permite estar presente en todos los grupos y proyectos”,
13 La versión inicial de este apartado resultó enriquecida tras participar en la I a edición del taller Poder, Xénero
e Feminismo: transformando as relacións e coidados nos grupos, celebrado en A Coruña el 21 y 22 de enero
de 2017 e impartido por Mar Cendón, Mari Fidalgo y María Rosendo.
14 Ampliar en los textos altamente recomendables Cuatro espacios sagrados y ¿Asambleas? No, gracias.
Luces y sombras del asamblearismo moderno, ambos de José Luis Escorihuela 'Ulises' (ver bibliografía).
21
mientras que “los otros espacios apenas existen o lo hacen de una manera desvirtuada y ajena
a su verdadero propósito”. “De esta manera nuestra cultura privilegia una forma de ser, la de
la persona hábil en el uso de la palabra y el discurso convincente, en detrimento de otras
personas y formas expresivas igualmente valiosas y necesarias”, circunstancia que a su vez no
sería casual o neutral aplicando un enfoque de género. Es decir, si históricamente han sido los
hombres quienes han ocupado en mayor medida el espacio público mientras que las mujeres
quedaban relegadas al espacio privado o doméstico, según cómo sea el funcionamiento de
nuestros grupos podemos perpetuar ventajas y privilegios hacia ciertos perfiles,
mayoritariamente asociados a hombres. Hablamos de ventajas y privilegios porque la voz de
estas personas — sus pensamientos, interpretaciones, sueños, propuestas, etc. — sería más
tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones, lo cual conlleva que las decisiones finalmente
acordadas estén más alineadas con sus intereses y necesidades (sin considerar estos dos
conceptos algo negativo en sí o contrapuestos al interés común, sino desde el enfoque de que
los grupos son canales necesarios y legítimos para que sus miembros satisfagan ciertos
intereses y necesidades personales).
A través de Cobo (2015), rescatamos la siguiente explicación sobre la desigual influencia
de los relatos escritos en relación al sistema sexo-género:
(...) el análisis epistemológico de los relatos culturales escritos y orales que realizó
Mary E. Olson donde, históricamente, la tradición oral ha correspondido a la
conciencia de las mujeres, así, el habla viene asociada con la subjetividad y compone
lo no lineal, lo relacional, emocional y conexo o lo relativo que se contrapone a la
escritura, más ligada a la objetividad, pero también con la linealidad, el desapego o lo
definitivo (verdad única), propia de la conciencia de los hombres (Olson, 1997: p.
198). Una relación imposible en un mundo dominado por la subjetividad masculina.
Esto es así porque “en la cultura occidental, la construcción del género se halla
entretejida con patrones históricos que favorecen formas orales para las mujeres y
escritas para los hombres” (p. 206). Esto da cuenta de cómo algunas ideas y ciertos
patrones llegan a dominar nuestra cultura, mientras que otras voces se tornan
invisibles . La jerarquía de las relaciones del mundo masculino se contrapone a la
horizontalidad de las relaciones interpersonales que pertenecen al ámbito femenino
donde son las relaciones, no las reglas, lo relevante . Este enfoque posmoderno “trata
de dar voz a lo que no es dicho en los grandes relatos culturales y legitimar los
mundos que no existen en el lenguaje del discurso escrito ” (Olson, 1997 p. 217).
22
Patricia Hayes (1992) nos habla de un estudio de 1978 que revelaba que las mujeres
alentadas a expresarse lo hacían más frecuentemente e incrementaban su proporción de
comentarios relacionados con la tarea en cuestión. Dicho estudio cita también la influencia
potencial de mujeres que eran valoradas por sus compañeros de grupo por estar motivadas por
un deseo de ayudar al grupo a cumplir sus tareas, más que para su autopromoción.
Hablamos de situaciones frecuentes en ciertos ámbitos, como la descrita anteriormente del
distinto grado de interés hacia un argumento según sea pronunciado por un hombre o una
mujer. Otra situación arquetípica sería la necesidad de aumentar el volumen y endurecer el
tono por parte de algunas mujeres para hacerse escuchar al mismo nivel que los hombres del
grupo. Considero que es una respuesta de supervivencia en un contexto grupal, para lograr el
objetivo de ser escuchadas en igualdad de condiciones — al menos hacia aquellos que alzan la
voz y/o endurecen su tono — , una medida para “igualarse” a la opción dominante en esa
cultura grupal, si bien el problema persiste al retroalimentar la validez de esa opción
dominante y mantener al margen otras opciones presentes en el grupo, cuyas aportaciones
podrían ampliar las formas de expresión aceptables en esa cultura grupal y con ello abrir vías
para enriquecerse con el contenido que aportasen. Por ello y como en otras situaciones, las
soluciones pasan más por integrar la diversidad existente — ampliando vías para un
enriquecimiento personal y colectivo — que por tratar de “igualarse” con una única muestra de
la diversidad — por muy predominante o mayoritaria que sea — .
Obvia decir que estas situaciones no sólo afectan a las mujeres, ni a todas las mujeres,
sino que también tienen efectos en hombres que tampoco nos gusta ni es nuestra actitud
predominante alzar la voz o interrumpir para tratar de ser escuchados y aspiramos a que cada
cual con sus características pueda ser acogidx y escuchadx por el grupo.
Así, en el citado espacio de toma de decisiones se trataría de poner atención a diversos
elementos relacionados con la participación y la comunicación verbal : quiénes empiezan
interviniendo, quiénes intervienen más — en n.° de veces y duración — , quiénes reciben mayor
atención, quiénes son más interrumpidxs, quiénes consiguen que sus argumentos sean más
tenidos en cuenta, qué tipo de propuestas realizan unos y otras... En clave irónica y con un
trasfondo de situaciones reales habituales, existen recursos con perspectiva de genero como el
reciente artículo Guía práctica sobre qué decir (y cuánto) en una charla o asamblea para
hombres que hablan mucho 15 , el cual ofrece “10 claves que te ayudarán a saber cómo hablar
15 http://tribunafemmista.org/2016/10/guia-practica-sobre-que-decir-y-cuanto-en-una-charla-o-asamblea-para-
hombres-que-hablan-mucho/
23
(y cuánto) en espacios colectivos en los que, aunque no te lo creas, hay mucha gente que
quiere participar compartiendo su opinión además de ti”. Además del uso de rondas de palabra
(para que toda persona tenga la oportunidad — no la obligatoriedad — de expresarse ante el
grupo), atenderíamos a la alternancia o no de momentos en grupo grande con momentos en
parejas, tríos o grupos pequeños (para posibilitar una comunicación más cercana y con menor
exposición grupal, que entre otras cosas favorezca la intervención posterior ante el gran
grupo), junto a otras propuestas descritas en el apartado final.
Además de la participación y la comunicación verbal, otros factores importantes a tener en
cuenta en este espacio serían la gestión de la información (acceso a la información relevante
para tomar decisiones), la comunicación no verbal (postura corporal, gestos...) o el espacio
físico ocupado (en la sala, materiales de trabajo personales sobre mobiliario de uso común...).
Pasando al espacio de indagación, éste supone una oportunidad para dar cabida a otras
formas de participar y contribuir, no tan centradas en la palabra o lo racional, o al menos no
tan centradas en convencer o imponer un punto de vista. Separando explícitamente el
momento de decidir del de permitirse explorar y profundizar un asunto, se favorece disminuir
las tensiones asociadas al hecho de tomar una decisión. En ese momento el grupo sabe que no
va a decidir, sino que va a enfocarse en generar riqueza colectivamente sobre un asunto
determinado, desde varias perspectivas, permitiendo “el acceso a una información y
conocimiento que sólo pueden surgir más allá de los estrechos límites en los que se mueve el
discurso racional”. Incorporando la creatividad y la expresión artística, trascendiendo la
preponderancia de la palabra, en el espacio de indagación se amplían las formas de expresión
limitadas del espacio de toma de decisiones, posibilitando con ello dos ventajas tanto a nivel
individual como colectivo: por un lado, que aquellas personas o perfiles que no se sienten
cómodas participando en la toma de decisiones dispongan de un espacio donde expresarse y
contribuir al grupo; y por otro lado, que aquellas que sí están cómodas en la toma de
decisiones puedan ampliar su registro personal explorando otras formas de expresión y
aportación al grupo.
El espacio de indagación incluye también el formato de taller o formativo, en el que
además de los factores a considerar en el espacio de toma de decisiones, también tendríamos
en cuenta el reparto de perfiles a la hora de impartir actividades formativas, quiénes se
consideran que tienen el conocimiento, quiénes del grupo organizan esas actividades, etc.
24
Antes de proseguir hacia el espacio de gestión emocional, introduzco una aclaración sobre
el motivo de disponer periódicamente de un espacio así en un grupo, empezando por lo que
no es y suele ser motivo de confusión o resistencia ante una propuesta de un espacio de este
tipo. No se trata de dar rienda suelta a todo tipo de expresiones emocionales, en cualquier
frecuencia o duración, ni de hacer terapia grupal, ni de “secuestrar” al grupo desviándolo de
sus objetivos. Se trata de que “un grupo que no deja espacio para la expresión emocional está
condenado a dejarse arrastrar por fuerzas que ninguna razón individual puede comprender ni
detener, generando insatisfacción y probables abusos de poder”. Es decir, que queramos o no,
nos guste más o menos, en un grupo además de compartir ideas, propuestas, acciones o
resultados, también se mueven — a nivel individual y grupal — intereses, necesidades,
experiencias pasadas, sueños de futuro, etc. que están muy conectados con las emociones, las
sensaciones, los sentimientos... Además de lo anterior, hay un factor novedoso respecto a la
cultura de marginar las emociones en los grupos, que hace conveniente abordarlas
grupalmente: ante una tensión entre dos personas por algo relacionado con su actividad en el
grupo, frente a un enfoque que les diría “eso es un asunto interpersonal, lo arregláis por
vuestra cuenta”, desde esta perspectiva se asume que esa tensión es intragrupal y el grupo
también es responsable de gestionarla. Se considera que esa cuestión va más allá de dos
personas concretas, ya que al interrelacionarse en un contexto grupal dejan de ser individuos
aislados para convertirse en elementos de algo mayor con identidad propia — el grupo — ,
llegando a interpretar roles que no dependen exclusivamente de su voluntad individual para
interpretarlos, sino de la influencia que el grupo ejerce sobre sus miembros y viceversa 16 .
Ahora sí, nos introducimos en el espacio de gestión emocional y su vinculación con la
perspectiva de género. Al igual que existen personas, perfiles o roles que se encuentran más o
menos cómodos en el espacio de toma de decisiones, lo mismo ocurre con este espacio.
Debido a la influencia del sistema sexo-género en nuestra socialización, se supone que las
mujeres en general estarían más conectadas con sus emociones y los hombres menos, lo cual
incidiría en la mayor facilidad o dificultad al expresarse desde el mundo de las emociones.
Así, mientras en un espacio de toma de decisiones se atenderían posibles abusos —
generalmente inconscientes — en el uso de la palabra por parte de los hombres, en el espacio
de gestión emocional podrían ser las mujeres quienes partiesen con ventaja a la hora de
expresarse, siendo para los hombres un tipo de expresión más novedosa, infrecuente y por ello
16 Para ampliar la perspectiva de roles, recomiendo la lectura de De líderes y opositores, junto a Líderes y
seguidores. Una aproximación evolucionista, ambos textos de José Luis Escorihuela 'Ulises' (ver
bibliografía).
25
dificultosa. En este espacio encontramos dos ventajas a nivel colectivo a tener en cuenta: por
un lado, para las mujeres es una oportunidad de visibilizar aquellas cuestiones invisibilizadas
o menos atendidas grupalmente, poniendo encima de la mesa elementos que ya estaban ahí,
aunque moviéndose por debajo de la mesa — como en general todo lo relacionado con este
espacio — ; por otro lado, para los hombres supone una oportunidad para acoger otro tipo de
expresiones más allá de la racional y al mismo tiempo para conectarse y poderse expresar
desde sus emociones, desde aquellas cuestiones que les afectan, inquietan, molestan,
sorprenden, emocionan... Tendríamos en cuenta qué lugar ocupan las emociones y la gestión
emocional en un grupo dado, quiénes promueven y se ofrecen a facilitar un espacio de este
tipo...
El último, y no por ello menos importante, es el espacio de cohesión y celebración. Su
forma de concretarse en la práctica está muy vinculada a la cultura del grupo en cuestión, no
existiendo formatos universales válidos para todas las ocasiones o ámbitos. Así, este espacio
“se expresa en el silencio de una meditación compartida, en el canto y el baile de una danza
de paz, en el ritual con el que acogemos la luna llena, en el banquete con el que festejamos
una fecha importante, o en la alegría de una fiesta o de un acto lúdico”. Su importancia radica
en que “un grupo que no celebra sus logros y su propia existencia como grupo, y que no
reconoce las muchas maneras en que sus miembros contribuyen al bienestar y objetivos
grupales, está condenado a la tristeza y a la pérdida de cohesión grupal”. Aplicando la
perspectiva de género, se trataría de disponer de formas en la que la diversidad presente en un
grupo tuviese la opción real de ser expresada, potenciando un abanico variado de formas de
expresión y celebración que puedan satisfacer más equilibradamente a sus miembros,
incluyendo y a la vez posibilitando ampliar las formas de celebración predominantes en ese
contexto. Una forma de incorporar este espacio es a través de pequeñas dosis iniciando y/o
terminando otro tipo de espacios. Por ejemplo, un simple momento de silencio donde con la
mirada agradecerse mutuamente haber acudido — al inicio — o por los logros obtenidos
durante el tiempo compartido — al final — , o algo similar limitando la expresión verbal a una
palabra que resuma lo que te llevas del tiempo compartido.
Acompañar esos pequeños momentos de algún tipo de contacto físico será adecuado
según la cultura del grupo en cuestión, factor clave a tener en cuenta en toda nuestra labor
como facilitadorxs. Si bien en algunos ámbitos el contacto físico está integrado y es algo
habitual cogerse de las manos o abrazarse — en parejas, pequeños grupos o gran grupo — , en
otros ámbitos es un punto límite y como tal debe respetarse, pudiendo sondearse
26
puntualmente con algún ejercicio de aproximación. En todo caso, aún en ámbitos
predispuestos al contacto físico, ese momento debe seguir cumpliendo con unas
características que ofrezcan cierta seguridad y no obliguen a que nadie haga algo que en ese
momento no quiere hacer, aunque simplemente sea cogerse de la mano o abrazarse por los
hombros o la cintura con las personas de al lado mientras se forma un círculo entre todo el
grupo. Teniendo en cuenta la perspectiva de género, es muy probable que haya mujeres que en
algún momento de su vida hayan tenido algún episodio de violencia de género en el plano
físico — desde roces “casuales” hasta tocamientos directos o violaciones — , por lo que cabría
mantener cierta cautela con ese tipo de dinámicas en las que la cultura grupal acepta y
predispone al contacto físico, pudiendo oprimir inconscientemente a quien prefiere no
mantener ese contacto, de forma habitual o sólo puntual. Y a la vez, ser conscientes de la
importancia de disponer de espacios de seguridad y confianza para posibilitar el contacto
físico. Como en otros espacios, en general tendríamos en cuenta qué lugar ocupa la cohesión y
la celebración en un grupo dado, quiénes la promueven (lo preparan, se ofrecen a
facilitarlo...), si se producen cambios en las relaciones y los roles habituales, etc.
27
Trabajos de cuidados en contextos organizacionales: enfoque
general y aplicaciones prácticas desde la Facilitación de Procesos
Grupales
Género, Feminismo(s) y Ecofeminismo(s)
Sin ser objeto de este trabajo profundizar extensamente en estos conceptos, sí considero
necesario y oportuno introducir mínimamente el marco teórico desde este lado del “paraguas
Facilitación y Género”.
El libro Antropología del género: culturas, mitos y estereotipos sexuales, de Aurelia
Martín (2006), incluye la siguiente advertencia doble:
Existe una tendencia muy generalizada a confundir "género" con "mujeres" : es decir,
a pensar que cualquier investigación de género se centrará exclusivamente en las
mujeres, mostrándolas persistentemente como víctimas del sistema patriarcal. Otro
error común consiste en identificar "género’ 1 con "sexo" v. por tanto, creer que se
trata de un concepto dual (masculino y femenino). Este libro pone de manifiesto la
falacia de ambas afirmaciones y abre el horizonte intelectual a nuevas
interpretaciones y metodologías de investigación que se alejan de los estereotipos
tradicionales.
Así, iniciamos la introducción al concepto de género a través del texto Acerca del género
como categoría analítica, de Yuliuva Hernández (2006), donde se considera que “constituye
la categoría explicativa de la construcción social y simbólica histórico-cultural de los hombres
V las mujeres sobre la base de la diferencia sexual ”, matizando que “ implica al sexo, pero no
agota ahí sus explicaciones ”. Según esta autora:
Es probable que uno de los mayores logros de las ciencias sociales en la
contemporaneidad, haya sido el descubrimiento de una categoría capaz de poner en
tela de juicio el conocimiento acumulado históricamente en su propio seno: el
género. Resulta incuestionable el grandioso poder explicativo y de análisis de las
realidades sociales de las mujeres y los hombres aportado por el género, aunque,
desde una perspectiva actual de reconsideración de muchos de los elementos de la
teoría engendrada por la categoría, se ha criticado en ocasiones de insuficiente. (...)
Una de las principales fortalezas de la categoría género, es que ella supone en su
interior un conjunto de dimensiones que posibilita un análisis verdaderamente
28
integrador de la realidad social de las mujeres y los hombres en su devenir histórico.
Citando a Marcela Lagarde, señala cinco dimensiones: biológica, económica, psicológica,
social y política. Prosigue Hernández señalando otro conjunto de conceptos principales que
integran la teoría de los géneros: la distinción entre lo biológico y género, el género como
principio básico de organización social en las sociedades conocidas, el género como principio
de jerarquía, el género como asignación al nacer, la identidad de género, cómo se instituye el
género, la variabilidad del género y el modelo general femenino y masculino. Finalmente,
para el estudio de todos estos elementos explicativos y de análisis del género, se han
desarrollado dos grandes enfoques : el enfoque del género como construcción simbólica y el
enfoque del género como construcción social.
De género pasamos a feminismo , con una primera definición extraída del libro Feminismo
para principiantes de Nuria Varela (2008):
El feminismo es un discurso político que se basa en la justicia . El feminismo es una
teoría y práctica política articulada por mujeres que tras analizar la realidad en la que
viven toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón de ser
mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para cambiar la sociedad.
Partiendo de esa realidad, el feminismo se articula como filosofía política y, al
mismo tiempo, como movimiento social. Con tres siglos de historia a sus espaldas,
ha habido épocas en las que ha sido más teoría política y otras, como el sufragismo,
donde el énfasis estuvo puesto en el movimiento social.
Dicho libro aporta otra definición de Victoria Sau:
El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales
del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o
colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son
objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas
fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la
liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla
requiera.
Sobre la vigencia o no del feminismo, Varela argumenta lo siguiente:
Todo lo contrario. A estas alturas de la historia lo que parece incorrecto es hablar de
feminismo y no de feminismos, en plural, haciendo así hincapié en las diferentes
29
corrientes que surgen en todo el mundo. De hecho, podemos hablar de sufragismo y
feminismo de la igualdad o de la diferencia, pero también de ecofeminismo,
feminismo institucional, ciberfeminismo..., y podríamos detenernos tanto en el
feminismo latinoamericano como en el africano, en el asiático o en el afroamericano.
Volviendo a Cobo (2015), “se podría decir que existen tantos feminismos como personas
feministas, donde los objetivos son comunes pero no tanto la forma en que cada persona lo
vive y lo practica”.
La conocida como tercera ola del feminismo se identifica con diversas ramas del
feminismo, comenzando su activismo e investigación en torno a 1990 y extendiéndose hasta
el presente. El movimiento surgió como una respuesta a los fallos percibidos en el llamado
feminismo de segunda ola y la toma de conciencia de que no existe un único modelo de
mujer, sino múltiples, determinados por cuestiones sociales, étnicas, de nacionalidad o
religión. Así, se aleja de definiciones de feminidad asumidas en ocasiones como universales,
sobrerrepresentando las experiencias de la clase media-alta blanca norteamericana. La tercera
ola incorpora múltiples corrientes del feminismo, incluyendo componentes, entre otros, de la
teoría queer, el antirracismo, la teoría poscolonial, el ecofeminismo, el transfeminismo y la
visión positiva de la sexualidad.
El ecofeminismo emergió con la realidad de las mujeres de países empobrecidos y su
implicación con la tierra, aunando tres movimientos: el feminista, el ecológico y el de la
espiritualidad femenina. Aunque también dentro del propio ecofeminismo hay varias
corrientes, lo característico es su capacidad de construcción y no sólo de defensa. En los
países del sur, son las mujeres quienes controlan todas las fases del ciclo alimentario, pero
mientras en América Latina y Asia las mujeres producen más del 50 % de los alimentos
disponibles — cifra que en África llega al 80 % — , sólo son dueñas del 1 % de la propiedad y
su acceso a créditos, ayudas, educación y cultura está muy restringido. Las ecofeministas
fueron las primeras en dar la voz de alarma acerca de la feminización de la pobreza, es decir,
que la pobreza cada vez tenía más rostro de mujer. Algunas de sus representantes más
conocidas son la india Vandana Shiva y la keniata Wangari Maathai, ambas premios Nobel
alternativos y la última también Nobel de la Paz en 2004.
En una entrevista a Yayo Herrero 17 — directora general de FUHEM, excoordinadora de
Ecologistas en Acción y una de las principales divulgadoras del ecofeminismo en el Estado
17 http://www.lamarea.com/2014/12/15/el-ecologismo-v-el-feminismo-privilegios/
30
español — , define el ecofeminismo de la siguiente forma:
Es tanto una corriente de pensamiento como un movimiento social. Lo que lo
caracteriza es que pone en diálogo los dos. Ninguno es hegemónico. Y hay
ecologismos que pueden ser profundamente patriarcales y planteamientos feministas
insostenibles. Ambos coinciden en hacer una crítica radical al sistema: el capitalismo
es un modelo económico y un sistema social que oculta lo que es más importante
para sostener la vida humana, la dependencia de los recursos sociales y el
ecosistema, pero también que las relaciones entre las personas tienen una
importancia. Un ser humano no puede sobrevivir en solitario y es absolutamente
dependiente de un trabajo enorme relacional que se realiza en espacios ocultos a la
economía como es el de los hogares. Sin embargo, vivimos en sociedades en las que
la naturaleza y esas relaciones han quedado subordinadas a otros factores. Cuando
planteas propuestas que colocan a las personas en el centro, te das cuenta de que
ecologismo y feminismo se basan en la cercanía, en el bienestar de la gente. . .
Y aquí es donde centraremos el objeto de este trabajo: el papel clave de los cuidados en la
vida, en la vida de las organizaciones trasladándolo a nuestro ámbito de actuación.
Retomando la entrevista a Herrero:
Es un trabajo que tiene que estar compartido por igual entre mujeres y hombres, del
que se tiene que hacer cargo la sociedad, que no puede quedar recluido ni escondido
dentro de los hogares, que son en muchas ocasiones las grandes corporaciones del
patriarcado. Las relaciones de interdependencia son tan importantes como las de
codependencia. Y ambas están ocultas en nuestra sociedad y nuestra economía.
¿Qué entendemos por cuidados? Concepto y crisis de cuidados
¿Qué queremos decir cuando hablamos de cuidados? Silvia López Gil (2011) lo aborda en
su libro Nuevos feminismos :
Los trabajos de cuidados representan todo un conjunto de tareas cuyo objetivo es
proporcionar bienestar físico y emocional a terceros (pareja, hij@s, padres y madres,
amig@s, etc.) además de la atención a una misma. Satisfacer estas necesidades que
todos y todas precisamos requiere un trabajo que no sólo incluye tareas materiales
(como hacer la comida, la colada, limpiar), también presentan todo un componente
31
inmaterial difícilmente cuantificable que tiene que ver con los afectos que median en
estas relaciones y que se dan en la vida cotidiana.
En este sentido, el trabajo de cuidados se hace imprescindible para el mantenimiento
y sostenibilidad de la vida, aunque paradójicamente sea totalmente invisibilizado e
infravalorado. Los cuidados los necesitamos todas y todos y sin embargo en nuestra
sociedad se ha construido la idea de que hay que tender a ser autosuficientes a costa
de todo, totalmente independientes de los demás y que es ahí, en esa autonomía
individual, donde reside el ideal perfecto de una vida, algo que es imposible de
alcanzar.
El artículo Propuestas ecofeministas para un sistema cargado de deudas de Yayo Herrero
(2012) aporta más contexto:
(...) el término “trabajo de cuidados” (...) incorpora, junto a los aspectos más
materiales relacionados con el cuidado de los cuerpos vulnerables, una dimensión
relacional y afectiva, que tienen que ver, de forma directa con el bienestar humano
(Carrasco, 2009). Podríamos definir trabajo de cuidados como aquéllos destinados a
satisfacer las necesidades del grupo, su supervivencia y reproducción.
(...) Todos y todas somos dependientes de los cuidados en algún momento de nuestra
vida. Por ello, podemos decir que los cuidados son universales e inevitables .
(...) Entre la sostenibilidad de la vida humana y el beneficio económico, nuestras
sociedades patriarcales capitalistas han optado por éste último (Carrasco, 2009). La
actividad mercantil se sitúa en el centro de la estructura socioeconómica, pero no
considera ningún tipo de responsabilidad social en la mantenimiento de la vida. Esta
responsabilidad, que no puede dejar de ejercerse si se quiere que la vida continúe, ha
sido relegada a las esferas invisibilizadas de la economía del cuidado, donde se
absorben las tensiones y el conflicto permanece oculto (Pérez Orozco, 2006).
Así y según Cobo (2015):
La lógica de cuidados, que define Sira del Río, se contrapone a la lógica del mercado
que impera. Una lógica que históricamente se ha valido de herramientas femeninas
alejadas de la lógica dominante (patriarcal, violenta, competitiva, hedonista,
individualista...) pero que, por contra, no debiera feminizarse porque es algo que
implica a todas las personas, pues de ello depende la sostenibilidad de las vidas.
32
Ampliamos esta cuestión a partir de Cambiar las gafas para mirar el mundo (2011), libro
de autoría colectiva editado por la organización de ecologismo social Ecologistas en Acción:
Puesto que la lógica de la acumulación manda y las personas no son prioridad de la
economía de mercado, el cuidado de la vida humana pasa a ser una responsabilidad
que se delega en los hogares, y hasta el presente, mayoritariamente en las mujeres.
(...) Si observamos las prácticas cotidianas de nuestra sociedad podemos comprobar
que ni los mercados, ni los Estados, ni los hombres como colectivo se consideran
responsables primeros del mantenimiento de la vida. Son en su mayoría las mujeres,
organizadas en torno a redes femeninas, en los hogares más o menos extensos
(abuelas, madres, tías, hermanas, etc.) o en solitario, las que dan respuesta a esta
necesidad imperiosa y hacen posible que el sistema funcione. Soportando un sistema
que aparenta mantenerse por sí solo, encontramos un batallón de madres, abuelas,
empleadas de hogar, amigas, que hacen posible que los seres humanos -fuerza de
trabajo y fuerza de consumo- cumplan cotidianamente sus funciones en el mercado.
Aunque el mercado se desresponsabiliza de los cuidados, necesita de ellos de forma
imperiosa. Requiere que el engranaje de la división sexual del trabajo y el pacto
social que lo mantiene sigan funcionando. Para ello se vale no sólo de una estructura
de poder e imposición, sino también de una estructura de pensamiento.
En el mismo libro se introducen las siguientes reflexiones de Amaia Pérez Orozco,
aunando cuidados y ciudadanía en torno a un nuevo concepto:
El concepto de CUIdadanía apuesta por poner los cuidados en el centro e inventar
una nueva forma de reconocernos sujetos que construyen derechos sociales:
• Reivindica la interdependencia (frente a la dualidad dependencia /
independencia) para reconocer que la división entre activos e inactivos (y
sobre todo, inactivas) es falsa y peligrosa.
• Hace una propuesta ética para cambiar las reglas que rigen ahora mismo esa
interdependencia, que inhiben la reciprocidad.
• Teje una Cuidadanía inclusiva de todas las formas de vida, que multiplique
las maneras de estar en el mundo, valore las diferencias y se enriquezca de
ellas.
33
• Denuncia los derechos creados desde la superestructura, desde una
maquinaria institucional ajena a las necesidades y deseos.
• Propone la autogestión de los derechos que día a día son inventados y
construidos.
• Defiende una democracia en lo político y en lo económico.
• Exige que haya una auténtica responsabilidad social en la sostenibilidad de la
vida.
Continúa dicho libro explicando la esclarecedora figura siguiente:
Figura 8: El iceberg del trabaio
LA MAYOR PARTE (LOS DE MANTENIMIENTO DE LA VIDA) QUEDAN ESCONDIDOS A LA VISTA.
El mercado se nos presenta como protagonista de la actividad humana, aunque su
aportación a nuestra supervivencia es mucho menor de la que tiene el trabajo
doméstico. Para ejemplificar esta desproporción, Mies y Durán usan la metáfora del
iceberg. Flotando en la superficie visible está el mercado. Debajo, haciéndolo flotar,
con un tamaño mucho mayor, el trabajo de mantenimiento de la vida. Dos partes bien
diferenciadas, la principal escondida a la vista, pero ambas formando una unidad
indivisible. Sobre el hielo sumergido del trabajo doméstico se apoya y asoma el
bloque del empleo asalariado y la economía convencional.
Según Vandana Shiva, las sociedades humanas se mueven dentro de tres esferas
económicas: la economía de la naturaleza, la economía de la supervivencia y la
economía de mercado. Ésta última ha crecido exponencialmente a costa de las otras
dos, que no han hecho más que disminuir y deteriorarse. El problema es que éstas
34
son esenciales, pues conforman la economía de la vida.
Ocultar la dependencia que las sociedades humanas tienen respecto de las
producciones de las mujeres y de la naturaleza, permite a la economía de mercado
aprovecharse de las economías no monetarizadas, tratándolas como recursos
inagotables, sin respetar sus ciclos, tiempos y límites. Esto ha conducido a dos
grandes problemas que afrontan los seres humanos: la crisis ambiental y la crisis de
los cuidados.
La economía de mercado se desentiende de las necesidades básicas de la sociedad .
Retomamos nuevamente el trabajo de Cobo (2015) para conceptualizar la denominada
crisis de cuidados :
Lo que empezó llamándose Conciliación, luego Corresponsabilidad o, más
recientemente, Crisis de Cuidados es fruto de la concienciación de la sociedad en el
pensamiento feminista y supone un punto clave para la prevención y construcción de
nuevos modelos no sexistas en la sociedad. (...) Durante las últimas décadas, las
mujeres se han ido incorporando a la vida pública, desarrollando su carrera
profesional, emprendiendo proyectos laborales y sociales, etc. Sin embargo, este
ingreso creciente de las mujeres al mercado de trabajo “no ha significado un ingreso
paralelo de los hombres en las actividades domésticas y de cuidado de los hijos, de
los ancianos, de otros familiares y de los enfermos, de los que 'naturalmente' se hacen
cargo las mujeres y en donde la alimentación ocupa un lugar preponderante”
(Papuccio de Vidal, 2011).
Numerosos países del mundo, entre ellos el Estado español, vienen sufriendo en los
últimos años lo que se ha venido a llamar «crisis de los cuidados», entendida como
“la puesta en evidencia de la incapacidad social y política de garantizar el bienestar
de amplios sectores de la población” (Sandra Ezquerra, 2012) y “la generalización de
la dificultad de éstos para poder cuidarse, cuidar o ser cuidados” (Del Río, 2004).
Dichas dificultades se manifiestan tras un complejo proceso de desestabilización del
modelo tradicional de reparto de responsabilidades sobre los cuidados y la
sostenibilidad de la vida y una reestructuración del conjunto del sistema
socioeconómico (Pérez Orozco, 2006). Esto es una contradicción de un sistema
patriarcal que no asume la responsabilidad de generar una serie de cambios
estructurales que satisfagan las necesidades de los cuidados de la población, que
35
permita el uso de todo tipo de estrategias para una “reorganización social de los
cuidados” como eje de un nuevo modelo social productivo.
La transcendencia social del trabajo de cuidados, entendiéndolo en un amplio
sentido, se deriva del hecho de ser un trabajo necesario, sin el cual no habría vida,
realizado diariamente de forma invisible por personas, en su mayoría mujeres, de
forma gratuita o en precarias condiciones laborales. Esto implica importantes
desigualdades de género en la calidad de vida de las mismas y esto está relacionado
con la llamada crisis de cuidados. Estos cuidados han estado delimitados al ámbito
privado, sustrayéndose por tanto al conjunto de la sociedad sus responsabilidades en
esta materia.
La ética del cuidado
Volvemos a Feminismo para principiantes de Varela (2008) para introducirnos en la ética
del cuidado:
La sociedad no es un ente abstracto, está compuesta — como afirma Sira del Río — ,
por individuos concretos, por los hombres y mujeres que la forman y la transforman.
Así, las mujeres concretas, en los esfuerzos para compartir el trabajo de cuidados, se
encuentran con hombres concretos, situados en cualquier nivel de la estructura social
y con cualquier ideología, que no comprenden ni la importancia ni la necesidad de
este trabajo y, sobre todo, no se sienten en absoluto responsables de su realización.
La idea — y la práctica — de la corresponsabilidad está ausente en el día a día.
Al profundizar en ese desapego y falta de responsabilidad masculina ante las
necesidades vitales , en la década de los ochenta surgió el debate sobre dos éticas
distintas . (...) Explica Celia Amorós que los resultados de las investigaciones
pioneras de (Carol) Gilligan ponían de manifiesto la existencia de diferencias
significativas en el razonamiento moral según el sexo. Así como los varones
razonaban jerarquizando principios, normas morales de justicia y derechos, las
mujeres lo hacían dentro de un contexto, atendiendo a consideraciones relativas a las
relaciones personales, a los detalles de la situación... Como consecuencia, eran
ubicadas en un rango inferior al de los varones en la escala que L. Kohlberg elaboró
para medir el desarrollo moral de los sujetos.
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Entendiendo la ética como las normas morales que rigen la conducta humana, para
Gilligan hay dos formas de comportarse: siguiendo una ética de la justicia o según
las normas prescritas por la ética del cuidado. La ética de la justicia, que es la ética
dominante en las sociedades occidentales, surgió para resolver los conflictos
mediante el consenso, para ser aplicada donde hay que distribuir algo. Es la ética de
lo público. No importa lo que se distribuya, lo que importa es que el procedimiento
sea justo. Es la ética que se desarrolla en el siglo XVIII, en el siglo de la Ilustración.
Pero una vez más, lo universal — igual que ocurrió con los derechos — , sólo se
refería a lo masculino . Así, ésta — según Gilligan — es una ética que sólo sirve para
lo público y que se construye sin contar con las mujeres.
(...) la ética de la justicia se caracteriza por el respeto a los derechos formales de los
demás, la importancia de la imparcialidad y juzgar al otro sin tener en cuenta sus
particularidades. En esta ética, la responsabilidad hacia los demás se entiende como
una limitación de la acción, un freno a la agresión puesto que se ocupa de consensuar
unas reglas mínimas de convivencia y nunca se pronuncia sobre si algo es bueno o
malo en general, sólo si la decisión se ha tomado siguiendo las normas.
Frente a ella, la ética del cuidado, seguida por las mujeres, consiste en juzgar
teniendo en cuenta las circunstancias personales de cada caso . Está basada en la
responsabilidad por los demás . Ni siquiera se concibe la omisión. No actuar cuando
alguien lo necesita se considera una falta. Esta ética entiende el mundo como una red
de relaciones y lo importante no es el formalismo, sino el fondo de las cuestiones
sobre las que hay que decidir.
Aquí encontramos una primera aplicación de la ética del cuidado en los grupos. Siendo
algo compartido por buena parte de la “comunidad facilitadora”, durante años experimenté en
primera persona asambleas de varias horas, sin relación directa entre el tiempo empleado y los
resultados obtenidos — cuantitativos o cualitativos — . Ese tipo de asambleas o reuniones de
varias horas de duración, sin un objetivo claramente definido, sin una preparación cuidada,
con escasos resultados en el balance del equilibrio entre satisfacción individual y colectiva,
etc. aún está presente en ciertos ámbitos — y afortunadamente extinguido o cada vez menos
frecuente en otros — . Hablo de grupos que, normalmente de forma inconsciente y por inercia,
marcan sus momentos de encuentro formal a unos horarios y con una duración incompatibles
con quienes realizan algún tipo de trabajo de cuidados. Grupos que, rizando el rizo, se
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autodenominan asamblearios, horizontales, abiertos a la participación... (así nos
autodenominábamos sin rubor alguno) y que su propio formato de asamblea es motivo de
exclusión o de gran dificultad de encaje para buena parte de la población, mayoritariamente
mujeres por lo explicado más arriba, cuyas vidas no se pueden permitir ciertos horarios (por
coincidir con preparar cenas de peques o mayores, acompañamiento a actividades
extraescolares...) ni ciertas duraciones (en rutinas diarias donde prima hacer malabares con la
multiplicidad de tareas en un tiempo dado).
La aplicación de la ética del cuidado conllevaría tener en cuenta las circunstancias
personales de cada caso y que, por ejemplo, los horarios no son neutrales o umversalmente
válidos para cualquier persona.
Lo curioso de estos grupos es que, inmersos en la inconsciencia de esas otras realidades
vitales, se autoexplican no conseguir trascender sus ámbitos de participación con un
argumento clásico: “es que la gente no participa”. Incorporar una mirada autocrítica y
proactiva iría más allá de la autocomplacencia y llevaría a plantearse: ¿qué podemos hacer?,
¿qué está a nuestro alcance para revertir esta situación? Tal vez el problema no sea, al menos
no sola o principalmente, que “la gente no participa”, sino que en esos ámbitos existen
dificultades para posibilitar espacios y momentos donde diversos perfiles de personas y de
formas potenciales de participar grupalmente acaben encontrando un hueco satisfactorio entre
las energías dedicadas y la compensación recibida (del tipo que sea, no exclusivamente
material). Un equilibrio en ese balance es lo que, de forma generalizada, acaba sosteniendo en
el tiempo la participación en los grupos.
Nuevamente en Feminismo para principiantes, encontramos:
Las teorías de la filosofía moral y política modernas nacen de una idea semejante a la
del homo economicus. Hobbes y Rousseau, entre otros, hablan de hombres que
también parece que surgen de la tierra, como hongos. El ideal es un hombre
desarraigado, sin vínculos (no tiene madre, ni esposas, ni hermanas). En sus teorías
no existe el equivalente de la mujer desarraigada. (...) Así, lo que proponen es que
los hombres tienen que hacer pactos entre sí, es el contrato social, la ley que
domestica la competición y evita la lucha de todos contra todos. Otra teoría
interesante pero falsa porque la sociedad no podría funcionar así y, sobre todo, no
podría reproducirse.
38
La analogía con los grupos es la interdependencia existente entre sus miembros, como en
la propia vida. Incluso el rol del liderazgo, clave para la propia creación del grupo y en su
desarrollo, necesita como mínimo del rol del/a seguidor/a.
Siguiendo con el citado libro:
Frente a esta teoría dominante, el concepto central de la ética del cuidado es la
responsabilidad . (...) los seres humanos formamos parte de una red de relaciones,
dependemos unos de otros. (...) La corresponsabilidad ha de existir entre hombres y
mujeres y en todos los ámbitos: la familia, la amistad, el amor, la política y las
relaciones sociales. El feminismo defiende la ética del cuidado, pero no sólo para las
mujeres. La ética del cuidado debe ser universal.
La responsabilidad y la solidaridad han de ser un deber ético para el conjunto de la
sociedad. Como propone Carol Gilligan, justicia y responsabilidad para unas y otros.
Además, es un antídoto para la violencia: es difícil destruir lo que unx mismx ha
cuidado . A nivel de grupos, podemos trasladar que cuidar las relaciones y los
procesos entre sus elementos es una forma adecuada para generar aprecio hacia lo
que los une, es decir, una herramienta para la cohesión grupal o “pegamento social”.
Continuando esa línea y recordando la definición vista para trabajo de cuidados como
“aquéllos destinados a satisfacer las necesidades del grupo, su supervivencia y reproducción”,
un grupo dispuesto a incorporar este enfoque puede empezar a hacerlo visibilizando,
reconociendo y valorando la importancia para el conjunto del grupo de este tipo de trabajos o
tareas. De no ser así, esos trabajos pueden llegar a cubrirse igualmente, en mayor o menor
medida, aunque con la gran diferencia de recaer sobre las personas más dispuestas o
concienciadas con ellos — es decir, mayoritariamente mujeres — , sin que exista visibilización,
reconocimiento ni valoración por parte del grupo hacia algo que beneficia al grupo en su
conjunto, no sólo a personas concretas.
Todo ello teniendo presente la siguiente reflexión (entre las varias recibidas en el proceso
de elaboración de este trabajo):
Si el patriarcado desprecia el cuidado, tampoco me parece adecuada la solución
paternalista que "sobrecuida" ya que, para mí, en el fondo de la facilitación está la
confianza en las personas y su capacidad para cuidar de sus necesidades.
Es el equilibrio que más me preocupa en los temas de género: ni caer en patrones
aprendidos del patriarcado ni movilizarme desde el paternalismo, porque también irrita
que alguien cuide de otra persona sin su permiso.
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Hacia un “decálogo” de buenas prácticas para incorporar o reforzar la
perspectiva de género en los grupos 18
Iniciamos este apartado retomando el trabajo de Plaza (2016), como parte del primer
proceso que propone (ya descrito en Algunos antecedentes ), bajo el título ¿Cómo podemos
incorporar las gafas del género a nuestra facilitación? Propuestas:
- Usar como facilitadoras un lenguaje inclusivo y generativo de unas formas de estar
más equivalentes (más allá del uso del femenino plural): (...), evitando las formas
sexistas o machistas del lenguaje convencional, (...), empleando los nombres
colectivos o hablando de las personas en lugar de usar el masculino genérico, (...),
integrando diversas sensibilidades en nuestro discurso, (...).
- Emplear formas de comunicación empáticas y conscientes : hablar desde mí y desde
lo que yo vivo (qué siento, qué me mueve, qué percibo, qué deseo o anhelo); poder
nombrar los hechos o citar que hablo desde lo que interpreto si no tengo claridad en
los hechos; expresar mis opiniones como personales (evitar totalizadores y
aseveraciones absolutas, usar fórmulas como: me parece, desde mi punto de vista,
creo que, una posibilidad sería, opino, etc.); hablar legitimando lo que vivo y cómo
lo vivo en lugar de negar lo otro o juzgarlo; emplear la mirada, la presencia, la
cercanía como elementos básicos de la comunicación.
- Incorporar el trabajo corporal, vivencial y artístico a nuestras propuestas como
facilitadoras, ofreciendo espacios de intercambio y aprendizaje más allá de lo mental
o discursivo.
- Mostrar sensibilidad hacia la diversidad, reconocerla y ponerla en valor : diversas
opciones sexuales, construcciones de género, entender y enmarcar a veces
estereotipos de género que pueden estar presentes (...).
- Prestar atención a la disposición espacial por sexos, al acceso y uso del espacio
colectivo según sexo u opción sexual, al número de intervenciones, y a cómo el
estatus atribuido por género condiciona o moldea la estructura del grupo. Para ello
creo que pueden resultar útiles algunos juegos o estrategias para tomar consciencia
del uso que cada persona hacemos del espacio colectivo y tomar conciencia de
nuestros automatismos o tendencias. Por ejemplo, las rondas de palabra, equilibrar el
18 Fruto de la colaboración entre Miguel Plaza 'Aua' y Sergio Álvarez-de-Neira. Abierto a ser continuado o
revisado por otras personas en el futuro.
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uso del espacio colectivo limitando las intervenciones (esperar un número de
intervenciones antes de volver a intervenir, respirar dos veces hondo antes de
reaccionar a algo...), preguntar explícitamente a alguna de las voces que no se ha
expresado si desearía hacerlo o si no encuentra cómo, trabajar en momentos
determinados en espacios no mixtos o construir espacios de encuentro no mixtos, etc.
- Reconocer detrás de los conflictos o estructuras el componente de género, o incluso
conflictos de género de la humanidad que el grupo está viviendo (...).
- Visihilizar y valorar las diversas tareas, nombrando si observamos en el grupo la
inercia de sobrevalorar las tareas productivas o invisibilizar e infravalorar las
reproductivas y comunitarias. 19
- Acompañar al grupo en el proceso de construcción de una cultura grupal cada vez
más equivalente, reconocedora de lo oprimido y femenino y promotora de unas
relaciones interpersonales y una estructura que integren esa equivalencia y el valor
por ser personas.
Por mi parte, añado las siguientes cuestiones vinculadas a la lógica de cuidados (además
de la nota al pie n.° 19):
- Escoger días y horarios lo más inclusivos posible para el conjunto de participantes a
convocar: sondear previamente en cuáles hay mayor disponibilidad, mantener rutina periódica
para priorizarla con antelación ante otras opciones, alternar entre días de la semana y horarios
distintos en caso de no encontrar uno apto para todxs...
- Incluir horarios tanto de inicio como de final para cualquier convocatoria y con ello
facilitar la organización vital de aquellas personas que “tienen vida más allá del grupo”,
aspiran a tenerla o simplemente realizan trabajos de cuidados hacia tercerxs que necesitan
compaginar sí o sí.
- Respetar los tiempos personales en los procesos individuales de cada persona, frente a
inercias grupales con ritmos distintos.
- Dar cabida a compartir cómo está cada persona, aunque sea una ronda breve al inicio
(por ejemplo, aludiendo al clima: “me siento soleadx, nubladx...”). Sirve para traer
19 Algunos ejemplos que se me ocurren serían: acondicionar y limpiar el espacio (antes y después del
encuentro grupal), disponer de bebida y/o comida (según la duración), roles pendientes del estado emocional
o anímico (del grupo en conjunto o de personas concretas, sin caer en la sobreprotección), atención de
necesidades personales especiales o minoritarias, etc.
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consciencia al grupo de otros elementos que nos puedan influir en ese momento, aumentar el
conocimiento y la comprensión de las circunstancias de cada cual, visibilizar precisamente
situaciones vinculadas con trabajos de cuidados que de otra forma quedarían fuera del
conocimiento grupal...
- Proporcionar medidas para la conciliación familiar con la actividad de la organización
(sea de tipo laboral o asociativa): valorar la posibilidad de que haya menores presentes en
determinados momentos grupales, asumir colectivamente la necesidad de atenderlxs contando
con personas y espacios independientes para ello...
- Para optimizar las energías del conjunto de participantes, preparar adecuadamente las
reuniones u otros momentos grupales formales y los lugares físicos donde realizarlas, siendo
algunas pautas para ello:
° Todx participante debería saber por qué y para qué ha sido convocadx (por qué yo,
qué se espera de mí, qué puedo esperar de esta convocatoria...): tipo de
convocatoria, objetivos principales, resultados esperados, resto de participantes
convocadxs, etc.
° Estimación realista de asuntos a tratar: tipo de punto (informativo, deliberativo,
decisivo...), tiempo y resultado esperado para cada asunto.
° Contar con rol de facilitador/a. Cuando se ejerce por un miembro del propio grupo,
poniéndose al servicio del mismo, desde dicho rol se evitaría intervenir en los
contenidos o, en caso de necesidad o conveniencia significativa, lo haría
explicitando que en ese momento no interviene como facilitador/a.
° Acondicionar el espacio físico y prever las diversas necesidades a tener en cuenta
(temperatura, iluminación, visibilidad, comodidad, agua...).
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